Ya reflexionábamos hace dos días en este blog sobre la preocupante deriva internacional de EEUU bajo la presidencia Trump, y poco han tardado en confirmarse nuestras predicciones. Las declaraciones de Trump sobre China y la puesta en la agenda de sus reclamaciones territoriales abre un ciclo de inestabilidad que es la antesala de la guerra. La herencia de Obama en América con la política hacia Cuba a la cabeza y el giro a la derecha de sus principales gobiernos, aleja los problemas en el continente, Europa sumida en su propia decadencia y Africa siempre olvidada, ponen Asia como teatro de operaciones principal.

Está es la década de China, el gigante comunista no ha adelantado tan rápido a EEUU gracias a una crisis económica que curiosamente se generó en suelo americano. Ahora el poderío americano, que se resiste a ceder el testigo a China parece buscar un choque que permita abrir las grietas sociales y políticas del gigante que puedan hacerle mantener la primacía. EEUU lleva de maniobras militares en escenarios similares y próximos al chino hace décadas. Los arsenales de EEUU se ha renovado gracias al empleo del material obsoleto en las guerras de Irak y Afganistán, lo que ha permitido al Tío Sam poner a punto su maquinaria al ritmo de Guerra Fria cuando ya no le quedaban argumentos. 

Solo queda ver si China sacará al dragón dormido o al levantar el telón se verán sus vergüenzas internas. Sin duda la era de la incertidumbre se ha abierto.  

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