Federico Trillo ha encarnado como pocos el espíritu y filosofía del Partido Popular allá donde ha estado. Lealtad inquebrantable al mando político, compromiso ideológico, orgánico y hasta religioso con un partido que ha entendido más como guardián de las esencias que como servidor público. Este español prototipo de la decencia peor entendida ha estado en todas las verbenas cavernosas de la derecha, desde Irak y Perejil al desastre del Yak. Sin embargo nunca se ha despeinado este togado militar que ni los militares de derechas han querido.

Una de las facetas más oscuras dela derecha española surge ante las adversidades y controversias, apartando a los dubitativos y tomando el camino más alejado del centro. Cuando España zozobra amarra el mando fuerte y giro seguro hacia puerto y sacando todos los banderines, pabellones y estandartes a mano. Así Trillo, lejos de haber sido apartado, de haber recibido críticas o cuestionarse su gestión, ha sido premiado y puesto en vanguardia como soga gruesa a la que aferrarse en la tormenta.

La imposible evolución, mejora o reflexión interna en el PP queda manifiesta en esta gestión. Frente a cualquier problema que surja, tanto la dirección del partido como la del gobierno optan por el camino seguro, dar fuerza a los acérrimos y depurar o apartar a los que dudan, cuestiona o critican los errores. Aquí es interesante recordar a Pablo Casado, la esperanza joven del PP, hijo del matrimonio liberal entre Aguirre y Aznar, nada sospechoso en lo ideológico, pero purista en la exigencia de responsabilidades a los que han sido pillados con las manos en la masa. Eso mismo le ha dejado en el banquillo mirando como Rajoy se rodea de la crema de la tecnocracia más rancia y retro en décadas. Trillo ha aguantado hasta el final y se marcha ya como el general que sacrificó llorando a sus soldados por el bien de la patria a la que vuelve cargado de medallas.

Estos españoles hacen que España sea metal de medalla para unos y metal de cuchilla para muchos. Así Trillo conservará el favor y protección del PP desde el convencimiento de que en el campo de batalla y la política, los oficiales miran desde la barrera al común morir acribillados. Es fácil firmar paces y guerras sin jugarse el pellejo propio, y así es como Trillo manejó los asuntos militares, con la soberbia y prepotencia que sus homólogos han hecho en sanidad, educación, dependencia… España puede sangrar y padecer, pero esta casta etérea dedicada a los cuidados del alma cristiana no padece el fruto de sus oraciones y tiene entendidos los padecimientos como consecución natural de los pecados del populacho. Ya saben, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades tanto como los militares del Yak volaron, y es que el castigo del que se estrella está contenido en el pecado de volar, no en el que eligió el avión mortífero.

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