Hay ciudad más allá de la evidencia cotidiana que parece devorarlo todo en Badajoz. En uno de los cafés con mejor servicio de la ciudad un pequeño grupo de ateneístas se parapetan entre cuadros y tartas para debatir periódicamente. El tema escogido es preparado por todos los asistentes con argumentarios, vídeos y artículos. Tras una presentación con profusión de referencias y datos, se abre un animado turno de palabra donde los asistentes hacen uso de notas, libros, apuntes, un minucioso trabajo que tiene como única finalidad el conocimiento y la reflexión por placer. Este pequeño oratorio de la diosa Razón, parece una pequeña luz en medio de la inxertidumbre de la oscura noche pacense, un reducto de la resistencia contra la dictadura de la mediocridad y el conformismo mental.   Conjurados en el fondo cavernoso del bar, sentados en torno a una esa con café, libros y papeles se lanzan las teorías y acuden de visita verbal Orwell y Campanella, pero también Cervantes, asoma por un ventano Unamumo al que mira socarron tras sus iensas gafas un divertido Chomsky. Ya se sabe, gente de izquierdas y con libros, terroristas de la insurrección cultural que debaten hasta por la calle y se apuntan con el grueso de palabras, a punta de cita y golpe de bibliografía. Ha sido una pelea magnífica donde todos hemos ganado más de lo que llevamos. Al final calle arriba camino de San Juan y Plaza de España donde nos sorprenden tres motos y cuatro coches de policía, ¿el peligro?, cosa grave, gente de Podemos concentrada en apoyo de los oocos griegos que exigen no morir de hambre. Nos paramos, escuchamos y se hacen corros. Quien sabe, quizá haya aún sitio para la luz en Badajoz. 

  

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